ARTE MUSIVA

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Mosaico tradicional

La técnica del mosaico se desarrolló hace miles de años en Mesopotamia, encontrando su primera y auténtica difusión en el mundo griego y romano para volver a florecer en la edad bizantina. Hasta hoy artistas y artesanos han usado esencialmente la misma técnica para decorar y embellecer pavimentos y paredes de casas, iglesias y espacios públicos.

Los primeros materiales eran de barro y piedras. En el mundo helénico se difunde el uso de mármoles y pasta de vidrio cortada con un martillo y un punzón. Han permanecido los materiales más prestigiosos. Las piezas una vez cortadas, se insertaban directamente en el mortero creando una superficie con movimiento, rica de sombras y reflejos de luz. En los siglos sucesivos se desarrollaron otras técnicas. Se pueden también aplicar las piezas indirectamente, lo que resulta una superficie plana y lisa, o sobre un soporte temporal como la cal o la arcilla. En definitiva, hay varios modos de realizar un mosaico, pero el directo con piezas cortadas a mano aprovecha al máximo la belleza de la piedra e de los esmaltes.

Mosaico Filato (micromosaico)

El mosaico filato o mosaico diminuto se desarrolla en el siglo XVIII por los mosaicistas del Vaticano. Para realizar copias de los retablos de la Basílica de San Pedro en mosaico, precisaban de una amplia gama de colores. La búsqueda de estas tintas llevó a la realización de la madre tinta o pasta de vidrio con alto contenido de óxidos colorantes. Estas tintas se funden en un crisol a la llama, mezcladas tras lo que la masa vidriosa se estira en hilo formando palillos finos de sección redonda o cuadrada. Los colores pueden ser mezclados  en varias formas para crear efectos diversos y la gama de tonos es muy amplia. Estos palillos se cortan con una lima y son insertados en el estuco. El estuco usado es un estuco al aceite hecho con polvo de Travertino, cal y aceite de lino. El estuco se endurece lentamente permitiendo así una elaboración lenta necesaria para los trabajos pequeños y de precisión.

El mosaico filato es ideal para la producción de cuadros pequeños y refinados como las copias de pinturas famosas y también de objetos preciosos. De hecho, en el XVIII y XIX se hacían joyas de todo tipo destinadas a los viajeros aristocráticos como recuerdos de Roma.

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